NUESTRA CASA DE LA PLAYA


Es de todos sabido que la tila, el yoga y la música pueden tener efectos relajantes pero ... 

¿y una casa?

Pues parece ser que también, o al menos ésta. El azul cadaqués se funde con el blanco más puro entre toques de madera, fibras naturales, linos y sobretodo mucha luz. Grandes ventanales convierten este lugar en un barco anclado en tierra firme.

Encender velas al caer el sol, escuchando música de fondo aderezada con el sonido de las olas, mientras respiras viento soplado desde las mismísimas entrañas del mar. Cura, revitaliza y te hace reír por todo y por nada.

Bienvenidos a mi lugar de reposo preferido. Todos los años y varias veces, he de reconocer, llenamos el coche hasta los topes y nos instalamos en la residencia actual de mi madre.

Lucas y Lucía pasan cada uno de los casi 700 KM que separan nuestra casa de este pequeño paraíso en Casares, un pueblito de la Costa del Sol, informando a grito pelado y con todas sus fuerzas a cada coche que se cruza en nuestro camino:

¡OYE SEÑOR, VAMOS A CASA DE LA "ABUELA PLAYA"!

Así uno tras otro hasta caer rendidos.










Una vez instalados parece que la casa y su entorno se transformasen para ofrecernos a cada uno de nosotros justo aquello que necesitamos en cada momento.







Aunque con esas vistas, una cerve y un libro para qué queremos más.

Los peques disfrutan de su abuela en el mejor entorno que se pueda imaginar, nosotros soñamos con vivir algún día en una casa como ésta.

¿Y mientras tanto?

Mientras tanto cargamos el coche y nos dirigimos a mi querido Sur gritando por la ventana.


¡FELIZ DOMINGO!


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